Aun quedaba algo en el vaso,
y no tenía el pecho lleno de cenizas,
mis oidos estaban todavía despiertos,
mi boca esperaba una sonrisa.
afuera el viento, adentro las voces:
memoria de San Petesburgo
mezclada con ambrosía,
aparece entonces la carcajada,
y luego la complice sonrisa.
se llenan otra vez los vasos,
se encienden nuevas cenizas,
quizás no aparescan duendes...
pero las hadas vendran con la brisa.
F.C.M.
oh la poesia
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