
(publico durante la mesa de literatura mexicana del siglo XX durante el Nº CECIL. UAM-I. ciudad de México.)
No puedo decir que la literatura es una experiencia gratificante.
En primer lugar debería reflexionar acerca de la literatura. Cuando ingrese a la UAM, recuerdo la clase de redacción que impartía la doctora Marina Martínez Andrade, en dicha clase algunos compañeros –a modo de broma- empezaron a preguntar que tipo de literatura eran el TV y novelas, el libro semanal, un mexicano más, Harry potter y otro basto etcétera perdido entre risas. El concepto que mas recuerdo de los dados por la doctora Marina fue el de “literatura basura”.
Quizás por falta de espíritu taxonómico, o quizás por ser simplemente basto y tener flojera en valorar cada una de esas expresiones literarias decidí quedarme en una clasificación sencilla: las cosas que si leería, y las cosas que no leería o terminaría de leer. En base a esa sencilla clasificación he podido ir sorteando mi paso por la carrera. Deje de leer muchas cosas, pero estoy seguro que no me perdí de nada realmente valioso o edificante para mí (salvo la ocasión de graduarme en tiempo y no seguir haciendo al percebe en la escuela). Y así más o menos es mi visión de la literatura, una visión completamente egoísta y personalista: puede que algunas de las cosas que leo ávidamente no sea más que la basura de otros y viceversa. Pero afortunadamente con ello puedo decir que mi experiencia literaria no tiene arrepentimientos, nunca me arrepentí de leer a Benito Pérez Galdos porque después de seis páginas supe de inmediato que era una de las lecturas que nunca terminaría de leer, deje sus libros de lado y he tenido tiempo de leer algo mas chévere o ver televisión.
Para mi la Lectura es un asunto lúdico, empecé a leer porque había cosas en los libros y revistas que no salían en la tele, y hay muchas cosas a las que solo se puede acceder por medio de la lectura, detesto que la lectura sea vista como un asunto solemne, tediosos y obligatorio. Ahora bien que sea lúdico no significa que sea obligatoriamente divertido o agradable, cuando leí Manhattan transfer o el retrato del artista adolescente puedo decir que sufrí la lectura, es decir por el contenido y por el discurso. Sin embargo, fueron unas de las lecturas más satisfactorias que he hecho, cuando leí El criticón creí que seria una lectura de esas que nunca terminaría o haría, pero ahora es uno de mis libros favoritos. Ahora si hablamos de Michael Ende, Ibargüengoitia, Gianni Rodari, J.G. Ballard o Yasunari Kawabata de inicio se que mi objetivo de pasar un buen rato enterándome de algo que no conoceré o apreciare de otra forma será satisfecho.
Dejando esto en claro, lo que se me hace difícil aceptar es que al momento de hacer mis propios textos, estos sean leídos más con afán de buscar sus “peros” o fallos, en lugar de ser visto como potenciales objetos del entretenimiento que quizás puedan ser pulidos. Soy un mal crítico, en especial porque no me gusta hacer de la lectura un objeto de estudio, me gusta asumirla como objeto de entretenimiento y hasta un poco de análisis pero uno no tan profundo, nada que luego sea solo entendible a los académicos entendidos.
Me desagrada la idea de escribir para ser publicado y tener un sequito de fans, claro me encantaría ser publicado sucesivamente, pero no tener un sequito de fans, veo a la literatura mas como oficio que como arte, claro hay momentos increíbles donde la literatura es en verdad arte, pero ese arte no vale la pena si solo puede ser entendido por los estudiosos de la materia, prefiero que sea un oficio de fácil entendimiento y difusión, que la imagen del escritor sea similar a la del carpintero o tendero de la colonia, y no la del vato popof que se la pasa en tertulias hablando exquisiteces y por lo mismo me entristece ver como muchos de los actuales estudiantes de literatura, escriben solo para entendidos y discriminan lo que a mi parecer es lo más honesto del oficio: el sano entretenimiento. De seguir así la literatura estará en autentico peligro de extinción.
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